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Mundo de Lujo

20 octubre, 2018

Sudeste Asiático: Myanmar

Desde Birmania, nuestro enviado especial Felipe Sepúlveda nos entrega un completo reportaje de ese espectacular país asiático

Desde el primer minuto que uno entra a este país   se produce una dicotomía en torno a como se llama este   inmenso territorio  de 678.500 KM2.  Su nombre histórico es Myanmar, sin embargo los ingleses lo cambiaron a Birmania  (o Burma), por la dificultad de pronunciar Myanmar para estos colonizadores alrededor de 1892. Sin embargo, en 1989 tras el golpe Militar de 1988,  el gobierno  comunista militar cambió el nombre de Birmania por el de Unión de Myanmar. Hay  muchos países hoy que rechazan este cambio y siguen llamándolo Birmania, al igual que gran parte de su pueblo. Como apoyo a este pueblo, y a la democracia lo llamaré Birmania.  Este país encanta  en todos los sentidos.  Es un país que está unos 30 años atrasados con respecto a sus vecinos Vietnam y Camboya,  sin embargo este mismo hecho hace que la cultura    y tradiciones se conserven como en aquella época, haciendo de este país un verdadero viaje al pasado,  con muchas historias y  sabores que descubrir.

 

La cultura birmana  desde tiempos antiguos se ha empapado de  influencias  birmanas, chinas, indias y tailandesas, lo cual se ve reflejado en si idioma, en su música y en su cocina. Pero en el ámbito de las artes y la religión  es el budismo theravada  el que ejerce una poderosa influencia, tanto así que cerca del 90% de los  casi 43 millones de habitantes es budista.

Predominan las pagodas budistas con sus stupas doradas que se llenan de neón en las noches como modo de celebración y veneración al Buda. Pero lo que es imperdible es visitar la ciudad de Bagan,  conocida también “La Pagoda de la Ciudad”. Este es un centro cultural y religioso  que cuenta con 13.000 pagodas del siglo XI  y XII, repartidas por toda la llanura. Solo quedan de pie cerca de 3.000 pagodas, pero sin lugar a dudas, contemplar el atardecer estas miles de pagodas es un escenario único en el mundo,  donde la calma y la contemplación surgen espontáneamente.

Otro imperdible es el Lago Inle , un enorme lago ubicado en la meseta de Shan en el norte de Birmania.  Aquí se encuentran los remeros de un pie, que navegan sus botes entre los pueblos y mercados flotantes.  Aquí la gente vive en palafitos en la mitad del lago y se desplazan en canoas por intrincados canales  rodeados de cultivos  flotantes de tomates,  arvejas y  otros vegetales propios de la cultura birmana.  Lo que más  me apasiona de Birmania es la candidez y nobleza de su gente,   donde se nota  la práctica budista en su día a día, y el importante rol que cumplen los monjes budistas dentro de la sociedad, profundamente respetados por el pueblo, recorren cada mañana casa por casa recolectando sus alimentos para poder dedicarse día a día al estudio del dharma (enseñanzas del Buda)  y a la salvación de todos los seres.  A pesar de ser una dictadura que ha reprimido al pueblo por muchos años,  la gente sigue siendo muy alegre y amable tanto con turistas como con ellos mismos.

El progreso está llegando a Birmania, y un importante desafío tiene el país de conservar esa tremenda riqueza cultural junto con incrementar el bienestar y desarrollo del país, mezcla que no siempre ha sido exitosa en otras partes del mundo, donde el progreso a descuidadamente destruido  legados históricos, naturales y culturales de un valor  incalculable  para la humanidad. Espero que en mi próxima visita todo siga siendo igual, pero mejor.

Nuestro enviado especial Felipe Sepúlveda captando imágenes para Uptown.






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